manualidades de la abuela
La historia de Rosita
Hecho a mano en Chicago, con mucho amor desde Jalisco, México
Hace collares como una abuela cuida la cocina: despacio, de memoria y para ver vestida a la gente que quiere.

Rosita es una artesana mexicana que vive en Chicago. El jarrito — esa taza de barro pequeña y generosa de casa — es el motivo al que regresa. En sus manos se vuelve un dije del tamaño de una yema, esmaltado en terracota, crema y un azul callado. El amor del trabajo viene de Jalisco.
Cada collar es único. El cordón se teje, no se compra como cadena. Los largos van de 20 a 35 pulgadas para que la pieza se quede cerca de la garganta o caiga larga sobre un vestido. Hoy existen unos treinta collares; esta primera tienda muestra unos cuantos de su mesa mientras se toman más fotos.
“Cada jarrito es una casita para el color. Nunca esmalto dos iguales.”
Esto es un estudio de familia, de una mujer, latino y orgullosamente mexicano — elegante para una boda y hecho a mano para que aún se vea la huella. Ella espera que te pongan uno y te pregunten de dónde vino.


